Tradición oral
Leyendas
La tradición oral kichwa naporuna conserva relatos transmitidos de generación en generación, narrados en familia al amanecer mientras se toma la guayusa.
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El águila gigante y los hijos de la Luna
Cuenta la historia que Duciru y Kuillur, los hijos de la Luna, tras haber dado muerte al Amaru (anaconda), recorrían la selva sanando a los enfermos. En un pueblo supieron que una enorme Anga (águila) bajaba del cielo a llevarse a niños, mujeres y hombres. Los hermanos se escondieron en redes para enfrentarla; el águila llevó a Kuillur sobre una nube, de donde un duende (uchutikan) intentó bajarlo, pero Kuillur abrió los ojos antes de tiempo y cayó a una laguna, convirtiendo sus orejas en hongos para salvarse.
Duciru lo rescató con la ayuda de un pájaro carpintero, a quien regaló una telita roja que adornó su pecho y su cabeza. Finalmente, los hermanos cubrieron la piedra del águila con brea (pungara) y, gritando «¡Rumi, rumi!» («piedra, piedra»), la convirtieron en roca, librando al mundo de aquel terrible enemigo.
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La casa del diablo (cerro Punkara Urku)
En las faldas del cerro Punkara Urku («cerro de brea»), hoy comunidad de San Pedro, desaparecían misteriosamente niños y mujeres en el río. Los brujos más sabios realizaron ayunos rituales durante cuatro días y determinaron que el lugar se asentaba sobre un antiguo cementerio y que los supays (espíritus) eran dueños de ese territorio. Tras un exorcismo en el playón del río, recomendaron no bañarse ni pescar de noche cuando crecieran las aguas.
Tiempo después, un joven cazador siguió a una guatusa hasta el cerro y nunca regresó. Desde entonces se dice que, en las noches de luna llena, quienes pasan cerca del Punkara Urku escuchan gritos y risas; y que los venados, guatusas y sajinos que aparecen son en realidad diablos que buscan tentar a los hombres para que se pierdan en la selva.